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1. Mójalo con agua de la llave (tibia para la grasa).
2. Exprímelo bien. Debe quedar húmedo, sin gotear: es el secreto para que no deje rayas.
3. Limpia con movimientos amplios. Para vidrios y espejos, pasa después un paño seco si quieres un brillo perfecto.
4. Enjuágalo y déjalo secar al aire.
Sus fibras ultrafinas son mucho más delgadas que las de un trapo normal: atrapan el polvo, la grasa y las marcas y los guardan dentro del paño. El agua las activa… y ellas hacen todo el trabajo.
Dónde usarlo: ventanas · espejos · estufa · llaves y grifería · barra de la cocina · refrigerador · canceles de baño · pantallas · carro.